A ese amor que llegó cuando no lo pedía pero más necesitaba…

Siempre estuviste ahí… miro hacia atrás y en cualquier paso que dí tu luz me acompañaba, pero sabes… a veces somos muy ciegos.
Aún recuerdo las primeras veces que te encontraba en esa combi y mi desesperación por llegar a la misma hora que tú, para poder verte 10 minutos diarios, no confiaba mucho en mi, ahora pensándolo bien era incapaz de darte mi pasaje jajaja pero en ese tiempo nuestros destinos aún no debían de cruzarse, sin embargo debían juntarse, te he comentado que has llegado con un propósito a mi vida, y para ser sincera, creo que también debo de cumplir alguno en tu vida. Me has asombrado, me has cautivado, me estas cambiando! me estas amando y no cualquiera ama a un “tigre con demasiadas manchas” me aceptas y me renuevas, ¡Que hice bien? Para que un sanador como tu llegara a mi vida, porque dejame decirte que eso eres, una persona que cura, que transforma, cautiva, tomas todas las piezas rotas y las restauras, tu luz es tan grande que el día que la descubras nunca volverías a dudar de ti.
Sigo sin explicarme del todo porque me buscas con anhelo de encontrarme, yo creo que te quedas por que sabes bien que soy, aunque yo me pierda me lo recuerdas y regreso, y amor eso no hace cualquiera, das sentido de pertenencia y realidad, son cortos mis fragmentos pero son conscientes, y sobre todo por que seguimos en esa búsqueda de tu amor y mi amor… te quiero y sobre todo gracias por volver…

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La mejor decisión que he tomado.

Creí que nunca podría, creí por instantes que toda mi vida y mi alma te pertenecían, pero no, no era así, las preguntas que rondan por mi mente, son una y otra vez las mismas… ¿Por qué lo permití? No pude darme cuenta, eras todo lo mejor que podía merecer, a mis cortos 19 años, me habías hecho “borrar” las desilusiones del pasado, me habías hecho creer que realmente eras lo que yo estaba esperando y buscando… eras perfecto, verdaderamente perfecto para mi… la estatura de un 1.80 m con barba cerrada castaña y matices de color pelirrojo, con una sonrisa encantadora, que podía hacer olvidar hasta el problema más grande y hacerlo simplemente en nada, ojos pequeños, color miel… piel blanca y cabello café, delgado, con porte, como para mi… lleno de amor y dulzura que con el tiempo se convirtió en odio y amargura… ¡¿Quién Falló?! ¡¿Quién cometió el crimen?! ¡De matar lo más bello que existía en este mundo!, mi amor por el, el mismo que profese delante de Dios, el amor que prometí regar día con día… Que profunda tristeza siento, saber que no responderían con la misma intensidad y hoy me encuentro aquí, tratando de armarme con los pocos pedazos de quién era, tratando de coser con parches mi corazón, que quisiera alguna vez volver a amar…

De algo estoy segura, una cosa la tengo muy clara, que amor como el mío no hallarás jamás, buscarás hasta el fondo del mar, queriendo encontrar una personalidad similar a la mía, pero estimado amigo… nunca lo tendrás, no volverás a tener nunca más la tormenta, el rugido, la fortaleza, la motivación, la entrega, el pilar bien cimentado, el árbol que no se caía ni con la lluvia más fuerte, no sabrás el mirar y encontrar dulzura, la paz, la persona cuyo sinónimo era la tenacidad, no volverás a limpiar sus lágrimas en un día de derrota ni disfrutar sus alegrías al vencer sus miedos, nunca compartirás sus cantos a la 1:00 de la madrugada, ni sus bostezos a las 2:00 de la tarde, no sabrás de nuevo que era tocar el cielo cuando rozabas su mano… y lo más triste en esta ocasión para ti, es que nunca, nadie, jamás, luchará como yo lo hice, hasta cometer el error de cambiarme  por ti… soporté palabras mal dichas en momentos incómodos, caricias con sabor a ira, frases que no eran dulces ni llenas de amor, esperas de las cuales nunca llegaste y llamadas que nunca sonaron, arrepentimientos genuinos que pensé que algún día llegarían… pero, ¡ese; fue mi error! esperar más de alguién que comprobó una y otra vez que no valía nada, no hay culpas como lo cité en oraciones anteriores pensé que eras perfecto… pero la verdad es que nadie lo es… hoy te escribo estas líneas llenas de dolor y con muchos miedos, con toques de tristeza pero a la vez de justicia, el día de mañana cuando mirés atrás y estés ahí solo, probablemente “acompañado en físico” pero con esa incertidumbre en su corazón con esa soledad que carcome entenderás que el problema no era mío, ni con la persona con la que te encuentres en estos momentos, el verdadero problema siempre fuiste tú, estar tan vacío y querer llenar ese espacio exigiendo de más a alguién que no es su responsabilidad hacerte feliz, ¡es la tuya! ahí y sólo ahí entenderás que lo que yo te pedía no eran tan loco, ni tan imposible… comprensión. Te perdono todo, te perdono todo el error, te perdono esas palabras, te perdono esas frases, te perdono toda la ira, te perdono tus ganas de hacerme sentir que… “no te importaba” te perdono porque en verdad el que me dejó fuiste tú, tomando los pretextos y por no hacer los cambios, desde lo profundo de mi corazón te perdono, perdóname por tanta herida que también provoque al defenderme, porque quise hacerte sentir tan miserable como yo me sentía al estar contigo, pero sobre todo… ME PERDONO, por aceptar menos de lo que yo merecía.

Con dedicatoria… María Fernanda Domínguez Márquez